Mostrando entradas con la etiqueta Palabras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Palabras. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de junio de 2015

LA PALABRA COMO ÚNICO CAMINO


Qué gran tesoro es la palabra, esa capacidad real de transmitir al otro nuestras inquietudes, nuestras fantasías o simplemente las necesidades más nimias.

Platicar, así lo llaman en tierras de Centro América, es una fuente de autoconocimiento y de confrontación de pareceres que enriquece a ambos contendientes al poderse combinar los roles de emisor y receptor en un feedback continuo y automático.


La palabra como fuente indispensable de comprensión, desde el respeto y la aceptación de pensamientos muy diversos.

Hablar, conversar, expresar, teatralizar nuestras ideas, nuestras emociones más viscerales e incluso nuestros ridículos secretos. Vomitarlo todo, impidiendo que se nos ulcere por dentro, es un ejercicio que no estamos acostumbrados a realizar.

Hablar, establecer una conversación, tendría que ser motivo de proximidad y de entendimiento, siempre y cuando se haga desde la sinceridad; sin censura ni predisposición a prejuzgar ni ser prejuzgado. Platicar, debatir, es ante todo un acto de aceptación de las reglas básicas de la convivencia entre iguales.


Mostrarnos como somos es una muestra de valentía que requiere de entrenamiento y predisposición a la humildad. Es un arma terriblemente eficaz, con la que aprendemos a redescubrirnos al ser capaces de vernos reflejados en la imagen que transferimos al otro… el paciente receptor de nuestros anhelos.

Conversar, reír, hablar y sobre todo deleitarnos al escuchar las palabras imborrables del abuelo; la calurosa zalamería de la madre eterna; las desventuras del amigo leal o la impronta de tu único amor, de tu compañera de alma… trasforma el milagro de la vida en un acontecimiento más soportable, más autentica y veraz.

La palabra nació de la necesidad de comunicarnos y por el intento de comprender a nuestro vecino de al lado. Nació como una fuente de unión y de pertenencia a un clan. Permitió la socialización de la sabiduría… y por momentos, nos encaminó hacia un mundo más rico y abierto, donde la diversidad enriquecía al conjunto.  

El mestizaje del verbo multicolor, será la única manera de no precipitarnos al holocausto del silencio; de la sordera permanente de los que no quieren oír, ni entender, las necesidades de una parte de los contertulios, que de tanto gritar, se han quedado afónicos, casi mudos y rendidos a la voz  ronca del tenor obeso e insaciable de la razón única… donde la mesura y empatía en su tono de voz, no tiene cabida.


Sí, se lo que piensan y lo entiendo; entiendo a los descreídos y pragmáticos individuos del mundo real e inmisericorde que nos contempla. Intuyo como, por medio de la palabra de su pensamiento, me tachan de necio, pichafloja o lunático imbécil que no sabe que cojones está diciendo. Y tristemente tienen razón…

Y la tienen porque esa misma palabra, en manos de individuos sin escrúpulos, se convierte en engaño, manipulación y sumisión del receptor cándido y desprotegido.

Se aprovechan, utilizan y pervierten el noble arte de la comunicación y la transforman en magia negra; en verborrea envuelta en hechizos, donde la verdad no importa; ni el respeto, ni mucho menos la razón. Son prestidigitadores que han raptado la capacidad de entendimiento para beneficio propio… un diálogo que no espera respuesta, solo busca sometimiento y humillación.

Oír, ver y callar... eso nos han enseñado desde niños :-(

Oscar Ara





sábado, 2 de mayo de 2015

MEMECES Y BOBERÍAS



Intentamos alcanzar lo inalcanzable, llegar hasta ese lugar donde nada se nos ha perdido. Abarcar más de lo que nuestras capacidades nos permiten e incluso, nos vanagloriamos de dar muestras de grandilocuencia a través de ridículos blogs.

Y mientras tanto tú; salvapatrias y demagogo consentido, andas perdido, descolocado, y lo que es peor, nadie se ocupa de ti. Ni tú mismo.


Observas a tu alrededor inventado, yendo más allá… al infinito. Vislumbras ese otro mundo que consideramos próximo por la manía de globalizar la estupidez, que sin embargo se ubica en latitudes lejanas a ti… y te indignas. Nos indignamos. Hacemos una causa común ante la fatalidad e injusticia que se está produciendo… y a otra cosa mariposa. Hemos socializado nuestra ira, nuestro cabreo, pero tú sigues siendo el mismo idiota, la misma mierda.

Vivimos porque sí, sin preguntarnos infinidad de cosas. Respondemos a impulsos deformados por una sociedad enferma. Reaccionamos inapropiadamente a situaciones banales, mientras permanecemos abducidos ante lo importante. No estamos bien, y ni si quiera nos hemos preguntado el por qué.

Despertarse cada día con la melancolía del que no se entera de nada, empieza a ser costumbre. Ser un zombi se ha convertido en nuestra seña de identidad y a veces, solo a veces, en esos breves momentos de lucidez que todo imbécil puede tener, entiendes que esto no puedes continuar así. Te encuentras perdido pero no haces nada.

Todo lo que te sucede, es efímero, se distorsiona por la apatía e incolora ingravidez del astronauta estúpido que no entiende la dimensión espacio-tiempo… Tu cara refleja la bobería del incapaz, del indigente mental. Estás en Babia.


Te crees inteligente, o al menos presumes de estar por encima de la media… y resultas ser un auténtico imbécil. Un tontorrón incapaz de descubrir sus miserias tan evidentes, como ridículas. ¡Despierta y ocúpate de tu mundo!... de ése que alcanzas con las manos. Algunos, no muchos, te lo agradecerán.

No es cuestión de grandes hallazgos, ni tan siquiera de indagar en lo más profundo de tu ser… basta con salir del letargo en el que has convertido tu anodina vida y descubrirte, quererte tal como eres y empezar a disfrutar de nuevo. Es tener la capacidad de afrontar de una puñetera vez las heridas de tu ego y madurar para ser de nuevo productivo.  

Ser infeliz puntualmente y vivir en la trashumancia neuronal, es una decisión voluntaria que puede permitir al “discapacitado” descubrir los rasgos más terrenales, íntimos y distorsionados de su personalidad; los anhelos no resueltos, las limitaciones autoimpuestas, la incoherencia demostrada o incluso la imposibilidad de cambiar… de ser otro.


Salir del cascaron y atreverse a mirar a través del otro, es un buen comienzo. Tomarnos un poquito más en serio, sin dejar de sonreír, nos ayudaría a abrir los ojos a nuestra realidad y a saber contemplar con nitidez lo afortunados que podemos llegar a ser. Ofrecer nuestro corazón colapsado por memeces rimbombantes, y dejar de dar por saco a los que nos rodean permitiéndoles mayor felicidad… estaría bien.

Porque no nos equivoquemos; no hablo de depresión, de abatimiento, de disminución de las funciones psíquicas… de enfermedad. Hablo de despertar, de redescubrirnos y aceptarnos tal como somos, para poder empezar de nuevo a ser lo que uno quiera, y pueda, llegar a ser. Sin limitaciones y por supuesto, con la ayuda de los demás.


¡MANOS A LA OBRA!


Oscar Ara.