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viernes, 6 de junio de 2014

MÍ INSPIRACIÓN

Si esa maldita enfermedad llamada cáncer se hubiese olvidado de la existencia de un chico sencillo, jovial, alegre y deportista… hoy, justamente hoy 6 de junio del 2014, mi hermano Beto hubiera cumplido 48 años de edad.

También hoy, justamente hoy se cumple 1 año desde que me decidí a escribir e introducirme en éste maravilloso mundo de los blogueros, de los blogs, de los post… o cómo diablos se llame. Fue precisamente el 6 de junio de hace un año.

Curiosamente mi aventura de junta letras comenzó con él. Con su imagen... cuando tuve la necesidad irrefrenable de escribir, de cantar y de plasmar en algo material, algo tangible; mi dolor, mi pena y mis sentimientos más íntimos... para que no desaparecieran en el limbo de los pensamientos perdidos, y así perduraran en el transitado mundo de las ideas, las imágenes y la conciencia colectiva que se ha convertido Internet. Melancólica inspiración.


Siguiendo con los datos, 17 son los años que han pasado desde que mí “eternamente joven” hermano nos dejo. Fue un doloroso 14 de febrero de 1997 (el día de los enamorados, del amor… ese mismo amor con el que nos impregno a todos para siempre). Tenía la hermosa edad de 30 años.

El recuerdo de my brother, como ya escribí en “Hermano ausente”, se me hace con el tiempo cada vez más borroso, más confuso y lejano. Pero definitivamente hay algo muy fuerte, más que la propia muerte, que impide que esa llama del recuerdo se apague y hace que la intensidad de su memoria permanezca siempre viva -SUS AMIGOS-. Sus camaradas de verdad, la pandilla que compartió con él seguramente los mejores y más intensos momentos de su corta vida.

Y por eso, mañana como cada primeros de junio, sus amigos y familia nos reuniremos en Santa María de la Peña para honrar y recordar la figura sempiterna de NORBERTO ARA DEL AMO –BETO- Que como ocurre con los que se van demasiado pronto, se convierten sin saberlo en Mitos, en el James Dean particular de cada uno, al permanecer en nuestras memorias siempre jóvenes, vitales y guapos… mientras nosotros, simples mortales, engordamos y nos arrugamos, nos quedamos calvos y envejecemos cada año un poco más y más.

Por eso chic@s GRACIAS por estar ahí… gracias por mantener al MITO vivo en vuestros corazones y gracias por haber hecho más “cómoda” su memoria. Mil gracias, porque os habéis convertido en parte de nuestra familia, la suya, la mía, la del recuerdo sincero… ¿verdad papás?


Oscar Ara


domingo, 24 de noviembre de 2013

MI ABUELA VICTORIA.



Perdónenme si mi prosa es confusa y un tanto desequilibrada, pero un mes sin fumar tiene efectos colaterales de difícil diagnostico y control. Mi cabeza va por libre y… ¡diooos! que duro se me hace escribir sin el pitillo en la boca y los aromas humeantes del Winston entrando a sus anchas por la cornea de mis ojos, saltándome el lagrimal y llegando hasta la medula o más adentro. ¡Como lo echo de menos! 

Sí, un Humphrey Bogart cutre y salchichero, lo sé.

¡Enfin! (“anfan” se pronuncia en francés). Todo sea por mis niños… mi salud y el bolsillo claro.

Bueno, al rollo. 

En estos días tan señalados como hoy, #20N. De fechas convulsas y celebraciones tan diversas. Donde la confusión y la bronca continua en el panorama político y social están a flor de piel, por casos como;

  • La resolución final del juicio del Prestige, con el “Nadie ha sido”. 11 años de espera para esto. Nunca menos, pudo hacer maís estropicio.
  • La aceptación del juez Ruz de posibles indicios de financiación ilegal del PP, al tener una cuenta en B “continua en el tiempo” dice, más de 20 años...
  • La 8ª operación y parece definitiva de la cadera del Rey, que si apareciera dentro de 10.000 años en un Atapuerca del futuro, la considerarían el eslabón perdido de la civilización. Eso no es una cadera, es pura tecnología relojera Suiza…
  • El 50 aniversario de la muerte de JFK. Que por cierto, hay fuentes que aseguran que no existió. Que todo fue un montaje de la CIA, el FBI, la KGB, el MOSSAD, la TIA y Luis Bárcenas que ya apuntaba maneras… 
  • La imposición por decretazo de la LOMCE, por el empecinamiento del ministro que mejor representa lo que nunca debería ser un político y por ende el partido al que representa… el ínclito, altivo e intransigente Ministro Wert y la más rancia derechona.
  •  La nueva Ley de Seguridad Ciudadana, que nos convierte a los ciudadanos, en un poco más maleantes y delincuentes de lo que ya éramos, al insistir en violentar con manifas, las tranquilas vidas de nuestros pobrecitos, oprimidos y desvalidos políticos y Gentleman People… ¡Violenta España! Sois todos unos perroflautas y quema contenedores, incluso tú que eres de la mayoría silenciosa, tu también sí, por callado e instigador. Y ojo vosotros, los padres que vais a recoger a los niños al colegio, abriros pronto, que más de 4 personas cuchicheando en la calle es considerado como agrupación conspiranoide y altamente peligrosa, al intrigar sobre si el cuaderno del crio tiene que ser de cuadricula o de folio en blanco… generando EREs y destrucción de empleo en el sector de los trazadores de líneas y cuadradillos en los cuadernos de tapa dura. Ojito que es delito.
  •  Los dos años de legislatura de Don Mariano Rajoy… Eh… Umm… Sin comentarios. Nada, no. Hoy no toca. Fin de la cita. Hoy llueve… No comment, nothing. No parle pas, no parle jamain. Rien de rien… ¡Mamonazo! (se me escapo, lo sabía)
  • Y como no, la conmemoración de los 35 años de la muerte del excelentísimo hijo de la gran… y célebre frase ¡Una, Grande y Libre!  y precursor también de la tríada, Una Patria, Un Estado, Un Caudillo… Don Francisco Franco y Bahamonde. El Generalísimo. DEP para siempre jamás…

Como digo, en días tan señalados y reivindicativos como estos, no me apetece entrar al trapo. Estoy “jarto”, cansado de “minucias” que nos tienen a todos locos y absortos, lejos de lo realmente importante. Hoy por motivos personales quiero escribir con el corazón en la mano, me apetece que conozcan a una persona. Una de las más importantes en mi vida. Mi añorada y queridísima abuelica, que por estas fechas hace ya 2 años, decidió dejarnos, nos abandono.



Esa persona, mi persona. Era delgada y de fina figura (como el Quijote, sí) De piel fina y delicada. Pelo blanco, tez clarita y arrugada. De rostro envejecido prematuramente, muy pronto. Excesívamente arrugado como suele ocurrirles a los trabajadores del campo. Trabajadora incansable. De culo inquieto, no podía parar ni un segundo. Nerviosa y parlanchina. De sonrisa fácil y contagiosa, sincera y amplia. Sociable. Amiga y cariñosa con sus conocidos. Sin un mal gesto o actitud altiva. Humilde y campechana. Esa persona era Mi Abuela. Mi Yaya Victoria. 

Con 92 años de edad, Doña Victoria decidió reunirse con sus seres queridos, en ese cielo en el que ella tanto creía y que yo tanto respetaré. Quería estar con el que 31 años antes la había abandonado a su suerte, dejándola viuda demasiado pronto, su marido, el Abuelo Felipe. También partió decidida a reunirse con el muchacho que le arranco en vida, el dolor más  fuerte e intenso que una abuela puede sufrir, la pérdida de un nieto. Seguramente uno de sus penas más grandes y de toda la familia, que le desgarro por dentro el corazón y hasta el alma. Ahora, sonriente junto al Yayo Felipe, estará disfrutando de su  queridísimo y añorado nieto Norberto. Mi Hermano. Con él verá el fútbol o jugará al guiñote que tanto les gustaba a ambos, acompañando siempre el momento con “las mejores torrijas del mundo” y un café con leche condensada. 

A ella le sobraron días de estancia en la Tierra. Quería partir. Marchar cuanto antes para no molestar. No quería ser cuidada. Quería cuidar, ayudar, querer, jugar, hablar, participar. Quería sentirse útil, no un estorbo, como se cansaba de decir. Quería desaparecer ya, por no molestar. Quería ser recordada por lo que dio y no tanto por el tiempo que quito a sus hijos y nietos. Sobre todo a su hija mayor. Mi Madre Rosa. Su hija y amiga. Uña y carne. Su refugio. Su salvación. Un dúo, donde no se sabía quién aportaba más a quién. Un dúo del que todos salíamos beneficiados. El dúo que fundamentaba el eje y el alma de esta familia, de mi familia. Madre e hija. Mis  referencias. Mi espejo.


 
No quiero escribir sobre ella, ni descubrirla. Eso queda para nosotros, sus íntimos. Solo quería resaltar su importancia e indudable carisma dentro del seno de una familia humilde y trabajadora como es la mía. Quizá también tú tengas esa abuela imprescindible y aglutinadora. Una abuela de sonrisa fácil, con el tono de voz sosegado por la experiencia del que se sabe más sabio. La abuela de gesto amable y protector, la abuela de las albóndigas en salsa de tomate, de las lentejas con tocino y los huevos fritos con patatas que tanto nos gusta. Esas abuelas que por el destino del tiempo, desaparecen pronto de nuestras vidas, dejando la mayoría de las veces un vacío enorme, difícil de llenar. El vacío de la ternura que solo sabe dar una abuela. Mi Abuela. Quizás tú abuela.

Por eso hoy veintitantos de Noviembre quiero honrar y recordar el fallecimiento de Mi Abuela, por encima de cualquier otra celebración o conmemoración baladí. Quiero honrar la memoria de una persona, que influyo en mí para el resto de mis días. Ofreciéndome lo único que tenía; su cariño, su mirada, sus cuidados y su manera de ser y sentir la vida. Su entrega incondicional, sin contraprestaciones. El amor más puro y verdadero. El cariño de abuela, de Mi Abuela.

Unas pautas de vida, de comportamiento y de entender el paso por este mundo, un poco olvidados en la actualidad… entendidos desde la humildad, la sencillez y el no molestar al prójimo, sin hacerse notar, como ella vivió y sintió la vida. 

La vida de una mujer de principios de siglo XX, que vivió seguramente los cambios tecnológicos, políticos y sociales más importantes que nunca nadie pueda ver y vivir jamás. Que engloba desde la revolución industrial, a la revolución de internet y las redes sociales, pasando por una Guerra Civil criminal. Y lo hizo con naturalidad, adaptándose y sobreviviendo. Como hizo todo en su vida; Sobreviviendo a los derechos de los trabajadores, al derecho al voto de la mujer. Sobreviviendo a la guerra civil, a la muerte y exilio de hermanos y familiares en la contienda. Adaptándose a la post guerra, a las carencias y necesidades que provocaban las cartillas de racionamiento. Sobreviviendo al duro trabajo de sol a sol, con la naturalidad e inocencia del que no siente carencias, porque nunca ha tenido nada. Adaptándose y sobreviviendo al hecho de tener que sacar a delante una familia dignamente. Emigrando a la gran ciudad, dejando amigos y partiendo de nuevo a lo desconocido. Sobreviviendo y adaptándose. Volviendo a empezar.

Con toda esta palabrería dislocada en el texto torpemente, solo buscaba la purga interior y el recuerdo. La añoranza de momentos inmensamente felices junto a Mi abuela y la ilusión de poder contar al mundo que ella existió e hizo de su nieto, una persona mejor. Gracias Yaya.  



Para terminar, una reflexión definitiva aprovechando la coyuntura.

¡¡Allá va la despedidaaaaá!!

"Ni mil Caudillos o Generalísimos. Ni mil Caudillos y Generalísimos Francisco Franco se podrían comparar con mi abuela. No le llega ni a la suela de sus alpargatas. No, porque Don Paco, a sus amantísimos nietos no les daría ni la quinta parte de amor que me dio a mí y a mi familia, Mi yaya Victoria."


Paco, lo tuyo era otra cosa… lo del querer, déjalo en manos de Mi Abuela. La Abuela Victoria.


Oscar Ara



domingo, 23 de junio de 2013

UN CUENTO HORROROSO



  En el Mundo de Mostruosilandia existía una región llamada Tierra Siniestra. En ella vivían 2 niños horrorosos y asquerosos, cuya fealdad habían heredado de su nauseabunda y mal oliente madre la Princesa Horrorosa, fea como un callo malayo y por ende justa heredera del Rey CaraMoco, su padre.

El Rey venía de una antiquísima estirpe de la realeza, cuyos orígenes se remontaban al ser supremo del Horror, a los ancestros de su bisabuelo.  Llevaba gobernando más de tres décadas en Tierra Siniestra con el amor y admiración incondicional de sus ciudadanos. Los pobladores de Siniestra pertenecían a diversas etnias: los Pestilentes, los Seis-dedos y los Jorobados…estos últimos de la misma etnia del Rey y la Princesa. 

Los dos niños, hijos de la Princesa Horrorosa, tenían 6 y 8 años. Uno era CacaCulo y el pequeño PedoPis. El nacimiento de esos niños y todo lo que aconteció antes de su gestación, supuso para el Rey CaraMoco, el mayor desafío de su vida y la angustia más dura jamás vivida a lo largo de sus 80 años.

Todo empezó hace mucho, mucho tiempo, cuando la Princesa cumplía los 18 años. En Tierra Siniestra es tradición el viaje iniciático, el primer viaje en solitario que realiza todo joven con la llegada de la mayoría de edad. Dicho viaje representa la madurez y la responsabilidad que tendrán que asumir los jóvenes para el resto de sus vidas.

La joven Princesa Horrorosa, rebelde y moderna, quiso realizar dicho viaje como una ciudadana más, con la consiguiente desaprobación y disgusto de su tradicional padre, el Rey.

El viaje iniciático no tenía normas,  cada joven elegía libremente su destino, sin consulta previa. La única condición era que a su vuelta, tendría que contar el significado de su vivencia. Los valores aprendidos y los errores corregidos en su experiencia.

La Princesa había oído  de un paraje muy, muy lejano, casi insignificante en el Mundo de Mostruosilandia, donde existía una rara etnia, que no se sabe muy bien ni como eran, ni de donde venían. Unos pobladores casi clandestinos, en un mundo equivocado, que no les pertenecía. Este lugar olvidado se llamaba, Aldea Bonita.

En los días que le ocupo llegar hasta Aldea Bonita, la princesa recordó como su padre, cuando era niña, le contaba historias terribles y llenas de fantasía, sobre los habitantes y parajes de este remoto lugar. Recordó también, la infinidad de dibujos que hizo de niña motivados siempre por los cuentos y la fantasía de su padre. Dibujos criticados repetidamente por el Rey - ¡Que terca es esta pestilente niña! – gritaba.

Horrorosa a secas, que así se hacía llamar en su viaje iniciático, sin el "Princesa". Llego a su destino después de varios días de tortuosos y quebrados caminos. Su cara lo decía todo cuando diviso a lo lejos Aldea Bonita; ojos como platos, su boca entreabierta y la barbilla caída. - ¡Qué lugar más horripilante! - musito. No daba crédito a lo que veía. Su padre se había quedado corto en sus narraciones. Era mucho peor.

En Bonita, la luz del sol brillaba hasta dejarte casi ciego, sobre un cielo azul claro e inmenso... sin horizonte. Los prados, de un verde desconocido para ella, se movían al son de una brisa cálida y húmeda, cual sinfonía perfecta, acompañados por el repicar de unas aves pequeñas y ridículas, que sobrevolaban sin cesar tan desconcertante paraje.

Todo ese panorama terrorífico, estaba salpicado por una multitud de colores que ni siquiera ella era capaz de reconocer en su tan amada Tierra Siniestra. Colores y olores comulgaban al unísono dejando una sensación de desagradable embriaguez, que no era capaz de reconocer. No se parecía a nada que ella hubiera olido o sentido con anterioridad. Nauseabundo.

Cerro lo ojos y tras una profunda y larga inspiración, tomo la decisión de continuar. No podía dar marcha atrás después de haber cumplido con la ilusión de su infancia. Conocer ese paradigmático y recóndito lugar de fantasía. Acelero el paso y se dejo llevar.

Lo más duro para Horrorosa, fue encontrarse con el primer habitante de Aldea Bonita. Luego, con el tiempo y la costumbre de sus ojos, esa desagradable sensación se fue atenuando como el efecto de una anestesia y poco a poco, se hizo soportable.

Los habitantes de Bonita, nada acostumbrados a visitantes extranjeros, corrían despavoridos a esconderse tras los pórticos de sus monstruosas casas. Casas de colores vivos y chillones, casas de formas angulosas y graciosas, precedidas todas en la entrada, por un manto verde y “cosas olorosas” blancas, rojas y rosas.

- "Corrían a esconderse por miedo o por vergüenza"- se preguntaba la Princesa. Corrían seguramente por la fealdad de sus simétricos rostros,  por sus nauseabundos ojos claros, por esas naricitas respingonas y miserablemente perfectas. - "¡No me extraña que se escondan, ante mi majestuosa belleza!"- sentenciaba la Princesa. -"Entonces corren por su fealdad y vergüenza"- sentenció. 

Horrorosa, con su pestilente presencia y en un periquete, había vaciado de aldeanos la patética Plaza Central de Bonita. En la soledad, se percato nuevamente de la fealdad de aquel patético y lúgubre lugar. Tejados de tonos ocres e iguales, balcones con filigranas y decorados con raras plantas de colores chillones... y paredes pintadas de blanco iluminaban las calles por el reflejo del sol que acompañaba un monótono cielo azul… Insoportable.

Pero la Princesa no estaba sola, presente ante ella, a unos 100 pasos de distancia, un hombre diferente la observaba. Cuando se acerco a Horrorosa hasta quedar a tan solo medio metro de distancia. Cara a cara. Solos. Sin que nadie pudiera impedirlo…

Ocurrió.

El Palacio Real de Tierra Siniestra estaba especialmente engalanado para ese día. Situado en lo que en tiempos primigenios fue la primera Atalaya defensiva de la ciudad, en la zona alta. Alrededor se fue construyendo el Castillo ya medio derruido y el Palacio Real. Actualmente, en la periferia y de forma radial se van dibujando las empedradas calles y avenidas de Siniestra. Donde el color predominante de las casas son los grises, adornados irremediablemente por los verdes del moho y hongos que aparecen por doquier.

Cualquier ciudadano de Siniestra puede observar desde sus pútridos hogares la grandiosidad y belleza del Palacio Real. Sus cuatro altas y retorcidas torres y sus tétricas bóvedas centrales, perfilan el siempre oscuro y tenebroso cielo gris de Tierra Siniestra. El Palacio, es el orgullo de todos los nauseabundos pobladores de esta región.


Los fastos de ese día en Palacio, eran en honor a la querida Princesa Horrorosa, que regresaba del viaje iniciático emprendido hace ya año y medio.

En la sala Real de Palacio, destacaba el majestuoso trono del Rey situado estratégicamente delante de un grandioso tapiz, cuyos dibujos policromados rememoraban las grandes batallas ganadas por sus antepasados. Tiempos de guerra por suerte ya lejanos.

El Rey CaraMoco, sentado en su trono y rodeado de toda la Corte y Grandes del reino, esperaba ansioso la entrada de su queridísima hija Horrorosa. Miraba nervioso hacia todos lados. Arriba la gran cúpula protegía la sala con autosuficiencia y dejaba entrar la tétrica luz de Siniestra a través de sus sucias cristaleras. A  un lado la contundente chimenea, que con su crepitar calentaba la sala no sin dificultad... y de repente el Rey encontró en sus nerviosos ojos lo que tan ansiosamente estaba esperando, al otro extremo de la Sala Real, la puerta se abrió lentamente.

La cara del Rey era todo un poema. Si no fuera por lo que representaba y por las estrictas normas de protocolo, que el mismo había impuesto, hubiera atravesado los 50 pasos de la sala para abrazar a su queridísima hija sin perder un instante. A punto estuvo de hacerlo.

La Princesa cumplió con todas las pautas que obligaba el protocolo. Se arrodillo delante del Rey con la cabeza gacha, asomando de esta guisa la bella joroba que la Princesa Horrorosa tenía y lucía con orgullo. Beso el anillo real y a continuación reculo 5 pasos sin levantar la cabeza.

Tras unas breves palabras de agradecimiento por la magnífica acogida con la que fue recibida y ante la atenta y vidriosa mirada de su Padre, se dispuso a contar todo lo acontecido en tanto tiempo de ausencia.

- “… Y ahí estaba yo, sola y asustada. En esa patética plaza vacía de Aldea Bonita. Pero mi soledad quedo truncada, casi al instante, con la aparición frente a mí, de un ser diferente a los vistos hasta entonces”.- callo un instante para tomar aire y continuo…

Cara a cara se miraron. Una extraña atracción nunca vivida anteriormente por ninguno de los dos les impedía hablar. El tiempo se detuvo y la brisa parecía ahora querer respetar el momento.

Tenía una expresión difusa. Su rostro resultaba raramente bello. Su cabeza redondeada, contemplaba una frente generosa y marcaba  el comienzo de unas largas y voluminosas rastras negras, que caían pesadamente sobre sus angulosos hombros. Una mandíbula prominente, marcaba el carácter de su rostro. Los ojos saltones y ligeramente azulados, le daban un maravilloso toque siniestro. Las cejas pobladas no tenían fin, se unían irremediablemente en el centro. Unicejo. Por último la nariz le daba al conjunto un equilibrio desconocido, grande, larga y aguileña terminaba en su punta con una verruga discreta pero tozuda.

No era alto ni bajo, ni gordo ni flaco, ni fornido ni enclenque. Pero si era un jorobado. Una discreta pero perceptible protuberancia, ligeramente ladeada, que intentaba camuflar con su larga y oscura melena, coronaba su espalda. Entonces a Horrorosa una sensación nueva le recorrió todo su cuerpo, un sofoco repentino y el corazón desbocado, hizo que de repente retirará su mirada y agachará la cabeza. Por un instante creyó ver en él, una reacción similar a la suya. Luego, el tiempo le dio la razón.

Lo irremediable ocurre porque así tiene que ocurrir. Y ésta vez no fue una excepción. Desde que cruzaran sus primeras miradas, en la Plaza de Aldea Bonita,  sabían que estaban hechos el uno para el otro y una unión inquebrantable surgió al instante, como nace el Amor entre iguales. Sincero. Fulminante.

Durante todo el tiempo que la Princesa Horrorosa estuvo en Bonita, no se separo ni un solo instante de CasiGuapo, nombre de su amado. En ese tiempo Horrorosa, con la ayuda de su nuevo amor, aprendió a soportar e incluso a aceptar los curiosos parajes de esa minúscula región y a sus pobladores, tan diferentes a su anhelada y querida Tierra. El acercamiento a esa recóndita región por parte de la Princesa, llego hasta tal punto, que los lugareños la aceptaron como una más, diferente, dañinamente bella e imponente, pero sorprendentemente dulce y buena.


Los ciudadanos de Aldea Bonita, se sabían, decrépitos, minúsculos e incluso insultantemente ignorados por el resto de las regiones que componían Mundo de Mostruosinlandia. Lo que les había llevado desde tiempos inmemoriales al más absoluto de los aislamientos. Eso les protegía, les hacia estar seguros a sentirse decentes, no tan miserables y repugnantes. A salvo.

En Aldea Bonita nadie, ni el más ilustrado de los habitantes conocía los orígenes de su fallida etnia, tan diferente al resto. Tan insultada. Cuentan los más viejos del lugar, que ellos fueron el eslabón perdido de los primeros seres que habitaron Mundo de Mostruosilandia, cuando esta era muy diferente a lo que hoy es. Un Mundo espectacularmente caótico, oscuro, frio hasta helar. Donde el sol no asoma y la luna campa a sus anchas. En el que las tormentas eléctricas iluminan el cielo con una belleza fantasmagórica, acompañadas siempre con lluvias torrenciales y olores de fragancias acidas y maravillosamente flatulentas. Un paraíso.

-“…Padre y queridísimo Rey Caraculo Demalaespina Palazote de Ciénaga y Ojocubero de todos los santos, os ruego me acompañéis cuando vuestra agenda así lo permita, a descubrir como lo hice yo, un lugar diferente, caótico, pero extrañamente entrañable.”- Se detuvo un instante y con lagrimas en los ojos, continuo.

-“Un mundo que vos mismo alimento con sus cuentos cuando yo era una pestilente chiquita… ¿recuerda?”- En ese momento, se limpio con la manga de su raido vestido los mocos verdes que habían aparecido por la emoción.

El Rey confuso por el relato que acababa de escuchar, no acertaba a decir palabra y con la mirada perdida en las decenas de antorchas que iluminaban la sala, prefirió callar. Intuía que algo perverso y retorcido iba a ocurrir. Lo supo hace ya hace un rato y los temores que turbaban su cabeza y corazón estaban a punto de hacerse realidad. Quiso que aquello parara, se detuviera, que fuera simplemente un sueño.

Pero no lo era y la Princesa Horrorosa continúo…

Tomó aire y con un tono de voz todavía más firme y decidido. Continuó.

-“….por todo ello queridísimo padre, quiero que conozcáis al ser más maravilloso y tierno de toda Mostruosilandia, que ha sido para mí, amor y guía durante este tiempo de ausencia y del que aprendí a ver el mundo desde otro prisma seguramente más amable y tierno…”- e intentando ser lo más beligerante y clara que sus sentimientos le permitían, prosiguió.

- “¡…y va a ser, os lo confieso delante de la Corte y los Grandes del Reino, la persona con la que pienso pasar el resto de mi horrorosa y fétida vida!”

-“¡Les presento a mi queridísimo y amado esposo Casiguapo DelCielo Celeste!”- En ese momento la Princesa sintió como si su cuerpo no le perteneciese y no tuviera control sobre él. A punto estuvo de caer desvanecida por su pesado nuevo cuerpo.

Mientras Casiguapo se presentaba ante los máximos representantes de Tierra Siniestra, cumpliendo con el protocolo como así se lo había aconsejado su queridísima y amante esposa. El Rey se encontraba ausente, su cabeza estaba muy lejos de lo que allí estaba sucediendo. Absorto. Le venían recuerdos de tiempos pretéritos, imágenes sueltas, deslavazadas, sin una conexión coherente. Imágenes de tiempos convulsos que tenía archivados en el baúl de los recuerdos tristes y voluntariamente olvidados. Recuerdos que muy a su pesar estaban cogiendo un caprichoso y terrible significado. 

Veinticinco años atrás:

#Pelo rojizo raramente entrelazado y desaliñado, digna heredera de la realeza por su más que incipiente joroba ligeramente ladeada, princesa y hermana del futuro Rey.

#Tiempos de tensa paz, donde los pactos y acuerdos entre regiones otras veces hermanas en el Mundo de Mostruosilandia, permitía que los conflictos se contuvieran y las diferentes etnias mantuvieran la paz.

#Lloros inmisericordes de una hermana desposeída de cualquier razón. Donde los tratos entre los Estados belicosos no conocían de amor, familia o compasión. El bien común, la paz, primaba por encima de los lazos afectivos y familiares por muy reales que estos fueran.

#Perdida de hermana cómplice, cariñosa y siempre risueña. Dolor. Angustia por no hacer nada, por traicionar a su otro yo. Culpabilidad por ser un cobarde y no actuar como su corazón le dictaba. Un remordimiento que perdurara para el resto de su vida.

#Ausencia infinita y definitiva, cuando su hermana decidió huir antes de ser “vendida” en un pacto frio y cruel. Desaparecer por siempre jamás, sin dejar rastro. Solo una nota esgrimía su tristeza y desazón, al sentirse traicionada sin ninguna compasión. En ella citaba su deseo de no ser hallada, ya que su familia había muerto y con ella su amor y su recuerdo.

El Rey Caraculo Demalaespina Palazote de Ciénaga y Ojocubero de todos los santos, regreso al presente. Muy a su pesar.

En la protocolaria y breve presentación de Casiguapo, éste dejó patente su inmenso, puro y sagrado amor hacia la Princesa, así como su respeto sincero al Rey, por el simple hecho de ser padre de su amada. Demostró ser persona de pocas pero acertadas palabras y poseer una personalidad arrebatadora y raramente familiar.

Después del recibimiento en honor a la queridísima Princesa y a su enigmática pareja, los actos de bienvenida concluirían con una frugal y copiosa  cena. Los personajes más distinguidos de Siniestra estaban invitados: comerciantes, militares, senadores, brujos y sanadores. Todos ellos junto con la Corte y los Grandes del Reino, disfrutaron de grandes manjares y deliciosos caldos, servidos por la etnia de los seis-dedos, especializada en estos menesteres por su habilidad y diligencia.

El manjar más apreciado, era sin lugar a dudas los sapos aderezados con alas de murciélago, rellenos de vísceras de tortuga vieja y asados a fuego lento para que los sabores se entremezclen entre sí. Delicatessen que dejaba en el paladar de los comensales, un sabor profundo a brasa, con un toque ligeramente amargo. Los caldos que se sirvieron variaban desde las aguas puras de cloaca, a las cervezas fermentadas en grandes depósitos de caca de murciélago, pasando para los más puristas y refinados, a los avinagrados vinos de la gran reserva perteneciente a la bodega Real.

Los actos terminaron bien entrada la madrugada, con los invitados completamente ebrios como era costumbre en agradecimiento a la invitación recibida y tétricamente engalanados con multitud de collares de serpientes disecadas, como era tradición. Los espectáculos acrobáticos y musicales que acompañaron la suculenta velada, fue lo último en concluir.

Esa noche nadie en La Corte pudo conciliar el sueño. Cada uno por un motivo diferente, auténtico y real.

A la mañana siguiente la familia iba a poder hablar con la intimidad que el protocolo había impedido la noche anterior. Todos  tenían muchas cosas que decirse, por ello la noche en vela les sirvió para aclarar sus sentimientos y medir las palabras que pronto tendrían ocasión de expulsar. Palabras salidas de la razón, del corazón y hasta de las tripas.

En la cocina de Palacio, como el Rey acostumbraba hacer, se produjo el encuentro auténtico e íntimo. Entre brebajes mal olientes y pucheros. Alrededor de una mesa sencilla donde desayunaba el Monarca todos los días. Caraculo, Horrorosa y Casiguapo se encontraron.

Después de los anhelados abrazos, besos y carantoñas entre padre e hija, y del cortes y viril saludo entre los recién conocidos. Caraculo tomo la palabra y haciendo gala de su fama. Fue al grano. Sin pensarlo. Pasará lo que pasará. Un día hace ya 25 años decidió que hablaría y actuaría con el corazón…

- “Amada hija, lo que tengo que decirte hoy, ha sido un secreto necesario y casi olvidado en mi subconsciente. Olvidado para poder vivir feliz en tu presencia y no amargado y triste por el recuerdo…” -

El rey expuso los hechos vividos en el pasado con gesto contenido y estudiada frialdad. Su dilatada experiencia le había demostrado que es la mejor manera de hablar con el corazón. Directo y mirando a los ojos. Sin gestos fingidos. Donde la palabra tome el protagonismo con su verdad. Sin pensar en las consecuencias.

Horrorosa escuchaba petrificada los secretos de su padre. Ponía en contexto los hechos acontecidos en otro tiempo. Intentaba comprender lo ocurrido, como su padre le aconsejaba hacer ante la toma de cualquier decisión. Pero no encontraba excusas que sirvieran para librar a su padre de tan pesado y doloroso yugo. En ese momento Horrorosa, sucumbió. Lo inesperado del relato le había cogido por sorpresa. No estaba preparada.

Abrazo a su padre por compasión, por amor de hija. Lo abrazo por no caerse plomizamente, con una fuerza inusual. Como el que abraza por última vez o por primera. Abrazo al nuevo padre sin secretos. Al gran Rey de Tierra Siniestra más cercano y sincero.

Padre e hija, amagados en su relato más intimista, no prestaron la atención debida a Casiguapo. Más bien fue ella, porque el rey lo sabía, lo esperaba y lo intuía. Horrorosa no fue capaz de ver como las facciones de su amado se volvían más rígidas y extrañamente serias. Llenas de ira.

-“¡Era mi madre!”- grito Casiguapo.

-“¡Era mi madre y tú la traicionaste!”- y salió corriendo, arrasando con todo.

Tras tres largos y angustiosos días de tensa espera en Palacio. Padre e hija, vivieron momentos de encuentros y desencuentros. De razonadas y pasionales discusiones. De inquietud y temor al destino incierto. Momentos finalmente de cicatrices viejas y nuevas, curadas por el amor filial entre dos generaciones tan distintas pero a la vez tan cercanas.

Casiguapo, después de tres días de vagabundear sin criterio, perdido en sus pensamientos, meditabundo en sus decisiones y finalmente consciente de lo que quería decir, se presento en Palacio. Desaliñado y abatido, no se adivinaba la posibilidad de esperanza y reencuentro. Al tiempo.

El Rey y la Princesa esperaron inquietos las palabras de Casiguapo. Mantuvieron la calma por respeto al dolor y rabia que sabían permanecía en su alma. Expectantes frente a él, el tiempo pasaba. Las miradas fijas se entrecruzaban sin decir nada y todo. Y por fin hablo.

- “¡Amo a su hija!”- grito con dolor y pasión.

-“Pero le odio a usted sin conocerlo. Le odio por todo el dolor causado. Dolor desconocido y descubierto. Dolor que seguramente cerceno y consumió a mi madre aún siendo joven… y que le llevo a la muerte cuando yo nací”- intento mantenerse firme, pero su voz quebró.

-“De repente soy esposo… primo, sobrino y yerno a partes iguales. Pero desde hoy le comunico, que solo seré una cosa… ¡Esposo y amante marido! ¡No quiero títulos, ni linajes! ¡No quiero nada que vos me pueda ofrecer! ¡Solo le pido y le exijo! ¡Que respete nuestro amor! ¡Como el amor de hermano que no supo respetar... a sabiendas de la traición y tristeza que estaba cometiendo!”- y lloro como nunca antes lo había hecho, como un niño sin su madre.

El Rey derrumbado en su trono, triste y melancólico, acepto todo lo impuesto por vergüenza y convencimiento. Apesadumbrado intuía, que los futuros nietos que con el tiempo vendrían, podrían ser de otra raza, lejana y desconocida. Pues sabía, que su renegado yerno y sobrino de ojos azules, era hijo también de aquellos, los olvidados.

El tiempo lo cura todo, la desazón y el decoro. Por eso termino con estas rimas, por lo bien que acaba todo.

Y colorín colorado este cuento horroroso ha terminado.



“Un relato dedicado a mis niños, los más horrorosos de este bello Mundo”

Oscar Ara del Amo