miércoles, 17 de septiembre de 2014

¡MALDITO SEAS!



Ruin y cobarde, así eres tú. Un miserable que se alimenta de los demás, destruyéndolo todo a su alrededor… sin compasión.

Tu sola presencia es sinónimo de terror y miedo. La historia te precede como el asesino desalmado que eres. Un criminal  sin conciencia.

No se te reconoce ni religión ni dogmas divinos. Ni filosofías o paradigmas de vida. La muerte es tu juego, tu vida… tu rol. ¡Maldito seas!

Deambulas y jugueteas a la ruleta rusa. Sorteando inmisericorde la maldición de tenerte cerca, demasiado cerca… y lo haces sin avisar. ¡Cobarde!

Tu crueldad te lleva a no entender la naturaleza del hombre, en no saber discernir entre las vidas noveles o las vidas viejas, entre los seres queridos o los seres despreciables, entre éste o el otro. Eso te da igual… tu sorna y sarcasmo es doloroso. ¡Eres un mierda!

Permaneces quieto e inerte, fumándote un pitillo chulescamente mientras observas de reojo a tu próxima presa; inocente y confiada presa. El principio del fin ha comenzado.

Tu voracidad es variable, como buen carnicero que eres, y sometes a tu víctima a un tiempo de tregua, que finalizará cuando tu hartazgo caníbal desaparezca. Es la única esperanza que nos queda para poder escapar de tus garras. ¡Bendita arrogancia!


No conoces de ilusiones, ni de futuro, ni de esperanza. Eres ciego a la vida, al amor, a la familia o al amigo del alma. Tu mundo de tinieblas no necesita de eso, pues la basura, el vomito y la carcoma, es tu hábitat… tu maquiavélica chanza.

Viejo y eterno enemigo del hombre, nunca descansas. Tu experiencia de guerrillero se mimetiza en la selva de nuestras entrañas y te burlas y te mofas y te jartas de nuestra ingeniosa torpeza de bata blanca.

La certeza de nuestra presencia, no te amilana. Al revés, te envalentona, te hace más temible y voraz… una miserable alimaña.

No se te conoce género, pero a mí no me engañas. Eres varón, un puto mierda que solo se excita cuando coge su carnaza por la espalda; para violentarla, humillarla, deprimirla y matarla. Eres el macho cabrío, el diablo… el infierno en el alma.  

Tu nombre no es femenino, porque no sabes crear la belleza, ni la hermosura del bebe que lleva la madre en su vientre, en las entrañas. Ni lucharías con locura por él, a sabiendas de que se va, de que se pierde… de que se escapa.


Tu nombre nunca puede sonar a luz, a cariño… a la caricia y ternura que solo puede dar una madre - mi madre - … la mujer, la abuela, la tía o la hermana.

Tú, MALDITO CÁNCER, eres un simple bastardo que se llevo lo más preciado para una madre - a su hijo - a mí hermano, al nieto, al sobrino… y simplemente lo hiciste porque te divertía, ¡porque te dio la puta gana!

Para todos los que sufren y sufrirán esta mierda de enfermedad, no me hagáis caso…  

Porque lo que hay que hacer, es plantarle cara decididamente al CANCER, y no perder nunca la ilusión, ni la esperanza por los nuevos fármacos, por el I+D+I, por los funcionarios e investigadores de bata blanca. ¡Por ellos hay que rezar! Y no por ese Dios timorato y endeble ocupado en mil batallas.

Hermano hazme sitio que iré, tardaré un ratico pero iré a tu lado…

Se lo dedico a mi madre y a todas las madres que sufrieron o están sufriendo la pérdida de sus bebes… ¡Y a ti también papá!



Oscar Ara

P.D: Habrá quien lo vea demasiado duro y trágico… tiene razón ¡Lo es!




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